jueves, 15 de marzo de 2012

La Serie del Caribe y su encrucijada

Los dirigentes de la Serie del Caribe de béisbol están que se jalan de los cabellos. El poco atractivo que ha tenido la serie en sus últimos años, los tiene hilvanando una serie de alternativas para darle un giro de 180 grados, que favorezcan sus intereses económicos.

República Dominicana pese a ser anfitrión en 2012 y considerarse uno de los favoritos del torneo, expectativas que cumplió al conquistar el título, no llenó los estadios como tenían previsto los organizadores, situación que llevó una vez más a los máximos dirigentes de la pelota caribeña a llevarse las manos a la cabeza.

Durante la Serie, los comentaristas especializados de ESPN dieron a conocer su inquietud al respecto y señalaron que era obligante hacer algunos cambios en la estructura del torneo, para hacerlo más atractivo y para que no ocurriera lo que se registró en la última edición, donde Dominicana se coronó faltando aún dos fechas por jugar.

La idea es que después de las dos vueltas de la fase regular, entre las representaciones de Dominicana, Puerto Rico, México y Venezuela, haya una fase final, en la que las dos mejores novenas disputen el título al mejor de siete partidos.

Es decir, que el campeón busque el banderín hasta la última fecha posible y no como ahora que, como expliqué, los dominicanos alzaron el trofeo y el torneo aún no culminaba.

También se ha hablado de la posibilidad de que las sedes de la Serie del Caribe cuenten con dos equipos en el torneo, y dos más por el país que logre coronarse. Una idea que no es de las más acogidas.

No obstante, el asunto va un poco más allá. No es un secreto que los equipos caribeños han estado perdiendo dinero desde hace mucho tiempo, lo que obligó a muchas franquicias a desaparecer o a mantenerse inactiva por algunas temporadas, con excepción de México, y que se escogiera por un tiempo a la ciudad de Miami como sede permanente de la Serie del Caribe.

Aunado a ello, hoy día son muy pocos los peloteros de grandes ligas que están participando en sus respectivos países como en épocas anteriores, cuando no era extraño ver a los dominicanos David Ortiz, Vladimir Guerrero y Robinson Canó, por mencionar solo a unos, vestir la camiseta de sus respectivos equipos en Quisqueya.

Situación que bajó considerablemente el nivel de entusiasmo de los fanáticos que, con mucho orgullo, vestían las camisetas de sus amores con los nombres de sus héroes deportivos.

Sin duda, el mejorar la estructura del campeonato sería una alternativa saludable, pero el problema económico de la organización es mucho más profundo y en esa dirección, quizás el aumentar el número de equipos ayudaría a mejorar ese renglón.

El regreso de los peloteros ligamayoristas a las ligas invernales, en el caso de los dominicanos, boricuas y venezolanos, se ve mucho más difícil conforme pase el tiempo, sobre todo por los millonarios salarios que se están pagando en las Grandes Ligas, que han comprometido mucho más con su franquicia a quienes suscriben estos contratos.

Es por ello que en una de sus últimas reuniones los directivos de la Serie analizaron las posibilidades de que algún equipo de las ligas de Colombia, Nicaragua y Panamá, que también cuentan con béisbol profesional, o de Cuba, engrosara la privilegiada lista.

Pero al final, la conclusión fue la misma que en los últimos años: sólo un equipo cubano podría mantener una calidad competitiva aceptable y, tal vez, el atractivo económico deseado.

El detalle está en que aparentemente las ligas de Colombia y Nicaragua no tienen aún la calidad necesaria y en el caso de Panamá, apenas inician una nueva aventura tras su fracaso intento a inicios del 2000.

No obstante, aquí se presentan otras interrogantes muy interesantes que quizás podrían absolverse con la reunión que tiene previsto realizar en La Habana, el máximo dirigente de la Serie del Caribe, el dominicano Juan Francisco Puello, próximamente.

En la reunión, que aparentemente aún no tiene fecha pero que ha sido anunciada en la propia capital cubana, se podría analizar el regreso de Cuba a la Serie del Caribe después de más de 50 años de ausencia, así como los mecanismos para hacerlo.

Tendría que analizarse, entre otras cosas, si Cuba haría un alto a su torneo nacional, que se desarrolla entre los meses de noviembre, de un año, y de mayo, en el siguiente, para darle paso a un equipo o a una selección, algo que tampoco se ha discutido, para participar en la Serie del Caribe.

Asimismo, plantearse la posibilidad de que la Serie del Caribe cambiara de fecha, algo improbable pero no imposible, mientras los cubanos celebran su torneo.

Es decir que aún hay muchas interrogantes, mientras se decide el destino de la Serie del Caribe, una competencia que se realiza desde los años 40 del siglo pasado y que pelea “como gato boca arriba” para no desaparecer.

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